Temas destacados septiembre Nº 173


La actitud receptiva


Tener una actitud receptiva, incluso para las cosas positivas, no es fácil. Con demasiada frecuencia preferimos la acción a la apertura, y cuando no es posible nos escudamos en el reposo o la cerrazón.

Vivimos en una cultura en creciente y rápido desarrollo. El avance de la tecnología facilita muchas tareas, lo que en teoría nos da más tiempo libre y mejor calidad de vida. Sin embargo, la existencia se ha vuelto hoy tan compleja que un elevado número de personas sufren altos niveles de tensión, ansiedad y estrés o, en el extremo contrario, hastío, falta de perspectivas y depresión.
En general, nuestra sociedad tiende a priorizar y sobrevalorar todo lo que implique hacer, controlar, tener y competir, e infravalora o dedica muy poco tiempo a detenerse, escuchar, observar y atender lo humano. En contra de lo que pretendemos, esto nos está llevando a una sensación demasiado generalizada de vacío e insatisfacción.
El ser humano actual desea y necesita encontrarse con aspectos olvidados de sí mismo y del mundo que le rodea. Cultivar la receptividad puede ser una ventana abierta a paisajes más amplios, más vivos y más llenos de sentido.

El arte de saber escuchar
Todos sabemos que escuchar es importante, pero pocos nos sentimos realmente escuchados o escuchamos bien a los otros. En la buena escucha:
  • Se da tiempo a la expresión de la otra persona. No se precipita la respuesta ni se interrumpe.
  • Existe un verdadero interés por lo que dice la otra persona y cómo lo dice.
  • Nos dejamos tocar por el sentir del otro, sin encasillarlo desde nuestra visión.
  • Se toma conciencia del propio lenguaje no verbal y se adopta una actitud física que facilite la escucha.
  • Conviene aprender a diferenciar los propios juicios y preferencias de lo que se recibe de la otra persona. Lo que nos gusta o nos disgusta habla más de nosotros que del interlocutor. Aprende a escuchar la diferencia con una actitud abierta hacia lo nuevo.

    La receptividad hacia uno mismo
    Observarse a uno mismo con una mirada receptiva implica sobre todo una actitud. Una actitud de curiosidad y aceptación.
  • Todo nuestro organismo es receptivo y a través de los sentidos tomamos contacto tanto con el mundo como con las sensaciones del cuerpo. Date espacio interno y deja que tus sentidos se extiendan. Deja que tu interior se suelte, relajado, y date el espacio para percibir.
  • Mira sin esfuerzo ni prejuicios los colores, las formas, los objetos y las situaciones; como un recién nacido al despertar. Escucha los sonidos, los ruidos, las melodías, sin esforzarte por captarlos, dejando que penetren por sí solos en tu interior.
    Mueve y siente tu cuerpo y ábrete a las sensaciones sin juzgarlas, temerlas ni dejarte empujar. Deja que tu cerebro repose y recupere energía.
  • Permítete sentir todo lo que sientes y evita juzgarlo. No te precipites hacia el papel de víctima o a tener que hacer algo enseguida. Date tiempo, date comprensión. Mírate y escúchate con interés y curiosidad. Con calma y receptividad podrás resolver mejor las situaciones y encontrar nuevas salidas creativas.
  • Pon a dialogar a tus voces en conflicto. Permite que cada una se exprese; escucha lo que tu interior te dice, ampliamente. Dialoga y pacta contigo mismo.
  • El egocentrismo es la principal causa del estrés. Sin la percepción del otro, ese esfuerzo por ser «lo único» quita toda posibilidad de disfrute, descanso, quietud, aceptación…
  • Deja por un momento tus metas, tus deseos, éxitos y fracasos y ábrete a observar los procesos, el transcurrir, el «cómo».

  • Date tiempo para abrir y acoger tanto como para elegir y actuar, y permítete descansar en la no acción y en el cerrar cuando lo necesites.

    Aurora Morera Y Juan José Greco
    Instituto de Atención y Formación Sicosocial

    Puedes leer el artículo completo en la revista Cuerpomente.



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    La energía «femenina» es representativa de lo receptivo, mientras que la «masculina» lo es de lo creativo. Hombres y mujeres contenemos y necesitamos ambas formas de energía si queremos que los procesos sean completos y vivos.