Alegra asumir que en primavera a todos nos resulta más fácil empezar de nuevo. La contención invernal pierde ahora sentido, mientras la generosidad de la luz invita a un cambio de actitud. La propia naturaleza lo sugiere con el ejemplo. ¿Pero acaso no formamos parte de ella? Qué dicha poder expandir las raíces conforme se calienta el suelo –como una planta más–, absorber el agua que contiene, crear nuevo follaje, florecer, quizá fructificar. Las reservas latentes emergen y se materializan en nuevos tejidos vegetales. Tal vez sucede algo parecido con nuestra vida y proyectos. El hígado suele verse involucrado en ese trasiego de sustancias y energías. Los excesos dietéticos del invierno y los sentimientos de frustración o enojo pueden lastrar sus funciones. Eso quizá se manifieste en fatiga, alergias o dolores... Habrá pues que poner atención al terreno del cuerpo, pero sin dejar de participar por ello en el espectáculo de la estación. Todo recomienza, sí, y contamos con la experiencia labrada en anteriores años o vueltas al Sol. La Tierra puede estar satisfecha de su trabajo. Hay muchas oscuras esferas planetarias girando en el Universo. Pero la nuestra es capaz de asimilar la luz para crear ecosistemas de vida inteligente, aunque esta coexista con la violencia o la ignorancia. Nuestros antepasados plasmaron esa capacidad terrenal de transmitir vida y amor en la figura de la virgen y le consagraron este mes de mayo. No deja de ser también una forma indirecta de rendir homenaje a todas las madres del mundo, incluyendo entre ellas a la naturaleza. Se alza el telón para disfrutar de la vida naciente, liberarse de viejas cargas y agradecer lo mucho que recibimos. ¡Feliz primavera! |
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