Diccionario de alimentos sanos


  Orejones de melocotón

Secar la fruta ha sido el método tradicional empleado para poder disfrutarla fuera de su temporada natural. Y algunas frutas desecadas resultan tan exquisitas, con su dulzor y su sabor lleno de matices, que bien merecerían mayor protagonismo en la mesa. Es el caso de los melocotones, que una vez desecados reciben, como los albaricoques, el nombre de orejones: no hay más que fijarse en su forma para entender por qué. Sus azúcares (53%) procuran energía fácil de asimilar, si bien los hacen muy calóricos (239 cal/100 g), por lo que conviene comerlos con moderación. A diferencia del melocotón fresco apenas proporcionan vitamina C, pero constituyen una buena fuente de provitamina A, potasio y hierro. Además poseen abundante fibra (8%). Son un delicioso tentempié y un dulce exquisito para la mesa navideña.
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