Diccionario de alimentos sanos


  Calabaza

La pulpa dura de la calabaza cuesta a veces un poco de pelar pero su riqueza nutritiva y su sabor dulce y delicado hacen que el esfuerzo se compense con creces. La calabaza actúa como un bálsamo digestivo gracias a su efecto antiinflamatorio sobre el estómago y el intestino. Contiene abundante agua (más del 90%), lo que la hace muy ligera (26 cal/100), y sus hidratos de carbono (6,5%) se asimilan de forma lenta. Además es rica en las tres vitaminas antioxidantes: 200 gramos contienen hasta dos terceras partes del betacaroteno o provitamina A que se necesita al día –sobre todo en las variedades más naranjas–, el 30% de la vitamina C y casi el 20% de la E. Se considera depurativa y, si se come con regularidad, ayuda a regular el azúcar sanguíneo. Para aprovechar bien sus vitaminas puede rallarse y añadirse cruda a la ensalada. La cocción, sin embargo, realza su dulzor. Resulta deliciosa al horno y en crema, con comino o nuez moscada. No hay que desperdiciar las semillas, ricas en magnesio y cinc.
Su mejor época del año: otoño e invierno.
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