Diccionario de alimentos sanos


  Castañas y marrones

Hagámosles un pequeño corte con un cuchillo, usemos una sartén agujereada y fuego muy lento y este otoño nuestro hogar olerá a castañas. Las marrones, que se emplean en pastelería, son aún más dulces y se distinguen por su corteza con estrías oscuras.
Las castañas deben comerse bien maduras y cocidas, aunque también pueden tomarse crudas, lo que exige una lenta masticación para que la ptialina (un fermento salivar) las predigiera ya en la boca. Las castañas constituyen un excelente tentempié. Sus hidratos de carbono (41%), básicamente almidón, procuran energía de forma gradual. A diferencia de otros frutos secos, casi carece de grasas (2%), por lo que resultan más ligeras de lo que se cree: unas 200 calorías la docena de castañas (100 gramos). Además aportan abundantes nutrientes: vitaminas C, B1, B6, ácido fólico y E, así como potasio, fósforo, magnesio y hierro. Asadas se digieren mejor, pero pierden parte de la vitamina C.
Su mejor época del año: durante el otoño y hasta principios de invierno.
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