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Alimento estrella
Frutas desecadas
La concentración de nutrientes en las frutas desecadas las convierte en una gran fuente de energía. Ideales como deliciosos tentempiés o como elementos de la cocina más imaginativa.
El antiguo arte de deshidratar la fruta tenía, en origen, la finalidad de conservar estos alimentos, tan delicados y perecederos, para aprovechar los excedentes de la recolección y poder disfrutar de ellos fuera de su temporada natural. Pronto se descubrió que, durante el proceso de desecado, lo que antes era fruta fresca adquiría al perder el agua unas características organolépticas y alimenticias únicas, que convertían a estos deliciosos frutos en un verdadero manjar y una excelente fuente de nutrientes.
Energía sana La vitamina C, que se deteriora fácilmente, queda reducida durante el desecado, pero afortunadamente una buena parte de los nutrientes y minerales se mantienen inalterados o incluso se concentran respecto a la fruta fresca. En la composición de las frutas secas hay que destacar, principalmente, su alto contenido en hidratos de carbono, sobre todo en forma de glucosa, fructosa y, en menor proporción, sacarosa. Estos glúcidos son los responsables de su delicioso sabor dulce y proporcionan la energía necesaria para desempeñar, con buen ánimo, actividades deportivas. Además, la presencia de la vitamina B3 (niacina), abundante en los orejones de albaricoque o en el plátano seco, favorece un completo aprovechamiento de esos hidratos de carbono. Una buena proporción de los carbohidratos se encuentra en forma de fibra vegetal, otro argumento de peso para recomendar estos alimentos. Gracias a ella la liberación de la energía se realiza de forma gradual y constante, evitando cambios de glucosa bruscos en la sangre. Por otra parte, su fibra no soluble mejora el tránsito intestinal y reduce la tasa de colesterol. Casi todas las frutas desecadas son ricas en hierro, pero los orejones de melocotón, el higo seco y los orejones de albaricoque son una fuente excepcional de este valioso oligoelemento. Estos alimentos contienen cantidades notables de calcio, si bien no es tan aprovechable como el de otras fuentes, pero sobre todo son generosos en potasio. Otra de sus ventajas es su contenido en betacarotenos, capaz de neutralizar la acción de los radicales libres. Desde una perspectiva más sutil o energética, conviene saber que el sabor dulce de las frutas desecadas tonifica el bazo. Permiten incorporar este sabor a la dieta de una manera saludable y en equilibrio con la estación invernal, pues la deshidratación yanguiniza la fruta, cuya naturaleza es de por sí muy expansiva (muy yin).
Pequeñas joyas culinarias En la cocina, las frutas desecadas son un ingrediente muy agradecido y versátil, pues resultan apropiadas para preparar platos dulces o salados, fríos y calientes. Su sabor intenso, predominantemente dulce, las hace ideales para la elaboración de postres, ya sea como ingrediente principal o como una forma saludable de sustituir el azúcar, y les aportan, además, algunos matices de sabor. Las posibilidades que ofrecen en este campo son casi infinitas: pueden servir en la preparación de bizcochos, pasteles, compotas, pudines e incluso mermeladas, pues en algunas, especialmente en las de albaricoque, la fruta fresca puede sustituirse por la deshidratada. Asimismo, se ha utilizado en la elaboración de recetas con cereales, en verduras rellenas o acompañando a carnes y pescados, ya sea como guarnición o como base para la elaboración de caldos y salsas.
Compra y conservación Las frutas desecadas se encuentran en el mercado todo el año. Hay que guardarlas en un lugar fresco y seco al abrigo de la luz. Si se quiere evitar que se resequen demasiado conviene introducirlas en un bote de cristal bien cerrado, pero nunca en bolsas de plástico, porque podrían enmohecerse.
Santi Ávalos (cocinero)
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Recetas
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A la hora de cocinarlas... |
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Antes de utilizarlas, algunas frutas secas conviene remojarlas para ablandarlas, especialmente los orejones de albaricoque, las ciruelas si están muy secas o las uvas pasas. El remojo se puede realizar en agua tibia, aunque es mejor empaparlas en zumo de fruta natural, o si se prefiere en un té aromático.
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